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    "Quiero encerrar el mundo en una red de caridad"

La Sociedad de San Vicente de Paúl, un camino de Santidad

La Sociedad de San Vicente de Paúl es ante todo una escuela de Fe.
À traves de la visita a domicilio, sus miembros están llamados a tener un encuentro, el de Cristo, Dios mismo, presente y escondido en el Pobre: «deberíamos caer a sus pies y decirles con el apóstol: ‘Vosotros sois nuestros amos y nosotros seremos vuestros servidores, vosotros sois para nosotros las imágenes sagradas de ese Dios que no vemos, y no sabiendo amarle de otra manera, le amaremos a través de vuestra persona’. (Beato Federico Ozanam)

A diferencia de las «sociedades filantrópicas », - « que distribuyen el dinero », pero [en las que] « no se siente el corazón latir» - la Sociedad de San Vicente de Paúl tiene la vocación de « mezclar sus lágrimas con las lágrimas de los desgraciados (…), acariciar y acoger al niño desnudo y abandonado, (…) escuchar sin dar señales de aburrimiento los largos y lamentables relatos del infortunio (…). » (Beato Federico Ozanam) (Ver cuadro)

El artículo 1.2 de la Regla expresa todo esto cuando llama a cada uno a dar a conocer a los más vulnerables, «el amor liberador lleno de ternura y de compasion de Cristo ».
Porque permite tocar las llagas del Cristo que sufre y vivir así la experiencia fundadora de la cercanía de Dios, la Sociedad de San Vicente de Paúl sigue siendo un camino de santidad accesible al mayor número de personas. Es de lo que da fe la vida ejemplar de numerosos vicentinos.

«Las sociedades filantrópicas no tienen en absoluto estos elementos de fuerza y de duración porque ellas sólo se basan en intereses puramente humanos. Se ve distribuir dinero, pero no se siente latir el corazón. Esta caridad, que mezcla sus lágrimas con las lágrimas de los desdichados a los que no puede consolar de otra manera, que acaricia y recoge al niño desnudo y abandonado, que aporta consejos de amistad a la juventud tímida, que se sienta con benevolencia a la cabecera del enfermo, que escucha, sin dar señales de aburrimiento, los largos y lamentables relatos del infortunio, esta caridad (...) sólo puede estar inspirada por Dios. » (Beato Federico Ozanam).