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Lectura Espiritual Semana de 24 de julio de 2017

Semana de 24 de julio de 2017 (referencia: lecturas del  domingo 30 de julio)

17º. Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas: 1 R (3,5.7-12); Sal 118,57.72.76-77.127-128.129-130; Rom 8,28-30; Mt 13,44-52

"Todo contribuye al bien de aquellos que aman a Dios, de aquellos que son llamados a la salvación, de acuerdo con el proyecto de Dios".

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De nuevo, en el Evangelio de hoy, Jesús nos habla en parábolas.

 Primero dice que "el Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo. Un hombre lo encuentra y lo mantiene oculto. Lleno de alegría, él va, vende todos sus bienes y compra aquel campo. "

En muchos lugares de la Biblia, Jesús y los apóstoles dicen que el Espíritu Santo (Dios) habita dentro de nosotros; Él está allí, dentro de nuestro corazón, como un tesoro escondido. Cuando lo descubrimos, todo cambia en nuestra vida. Cuando nos convertimos, es decir, como dice San Pablo en la lectura de hoy, cuando descubrimos que "somos llamados a la salvación, de acuerdo con el proyecto de Dios", ya podemos olvidar todas las demás riquezas, porque sólo queremos seguir este proyecto.

Después, Jesús nos dice que "el Reino de los Cielos es como un comprador que busca perlas preciosas; Cuando encuentra una perla de gran valor, él va, vende todos sus bienes y compra aquella perla”. En el caso anterior, del tesoro, el hombre no lo estaba buscando: él simplemente encontró, en su trabajo del día a día, por la gracia de Dios, el tesoro que buscaba. Aquí no, el comprador de perlas vive de comprar perlas y busca incesantemente una perla de gran valor. Es como nosotros que siempre vivimos buscando sentido para nuestra vida; A veces buscamos a través de piedras no tan preciosas y nos engañamos. En el momento en que encontramos el sentido en el plan de Dios para nosotros (la perla preciosa), ya no necesitamos buscar el sentido para nuestra vida, ya no necesitamos buscar ansiosamente nuestro lugar en el mundo, porque ya hemos encontrado la paz definitiva.

Finalmente, Jesús dice que "el Reino de los Cielos es como una red lanzada al mar y que recoge peces de todo tipo; Cuando está llena, los pescadores tiran de la red, van a la playa se sientan y recogen los peces buenos en cestos y tiran los otros”. Otra hermosa lección para las decisiones que tomamos en todas las actividades que ejercemos en el trabajo, en la familia, en la SSVP, en la parroquia y en la vida social. Es necesario de vez en cuando parar para evaluar nuestra vida, hay que saber identificar los peces no buenos y arrojarlos fuera: nuestro odio, nuestros rencores, nuestras frustraciones, nuestras tristezas. Es necesario centrarse en los peces buenos y colocarlos en el cesto de nuestro corazón: nuestros amigos, nuestros asistidos, todos los que nos ayudan a pescar mejor, a buscar la perla preciosa y a encontrar el tesoro divino que está en nosotros. ¿Cuántas veces estamos más preocupados por los "peces malos" y pasamos mucho tiempo tratando de pescar más, tirando más la red, buscando algo que no tenemos. Mientras tanto, Dios sigue poniendo los "peces buenos" en nuestra red y nosotros no los percibimos.

La vocación vicentina tiene mucho que ver con las parábolas de hoy. No puede haber tesoro divino más rico, o perla más preciosa, o pez mejor que el Pobre que asistimos. En él está el mismo Dios que habita dentro de nosotros, de forma escondida. Por eso, debemos servirle sin propaganda, sin ruido, sin alarde. En el Pobre está la perla que vale más que todos nuestros bienes sumados; Es a través de él que aprendemos a utilizar lo mejor que tenemos que es nuestro tiempo. Por eso, cuando servimos al Pobre, sólo debemos preocuparnos de él, como hacemos con la perla de gran valor, no podemos dispersar nuestra atención y nuestro tiempo con otras cosas: ellos tienen que sentirse íntegramente cumplidos por nuestra visita, son nuestros "Maestros y Señores", como decía San Vicente. Finalmente, en el Pobre están los peces buenos: ahí está nuestro alimento y nuestro sustento; Nuestro asistido tiene el poder de alimentarnos con cosas buenas y de motivarnos a "tirar los peces malos". Él nos da la verdadera perspectiva del valor de las cosas. Al final, es el asistido que nos hace "justos" en el sentido paulino de "santos".