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Lectura Espiritual de 13 de agosto

04 agosto 2017 Noticias del CGI Lectura espiritual

Lectura Espiritual de 13 de agosto

Semana de 07 de agosto (referencia: lecturas del domingo 13 de agosto)

19º Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas: Rm 9,1-5; Mt 14,22-33

"¡Animo! Soy yo. ¡No tengáis miedo!"

Reflexión vicentina

La muestra del Evangelio de esta semana es muy emblemática y aparece pintada en innumerables obras de arte a lo largo de la historia: Jesús camina sobre las aguas.

En realidad, la lectura de esta semana va en la misma dirección del domingo pasado: la manifestación de Jesús. En el Evangelio del domingo pasado, Jesús fue transfigurado delante de Pedro, Santiago y Juan, que se llenaron de miedo y no comprendieron lo que pasaba, hasta que Dios tuvo que mandar una voz del cielo diciendo que Jesús es su Hijo amado. Entonces Jesús les dice que no tengan miedo, porque era sólo la manifestación de su divinidad.

Esta semana, Jesús camina sobre las aguas. Estaba oscuro (eran las tres de la mañana) y los discípulos-pescadores no percibieron que era Jesús. No podría ser Él, porque estaba caminando sobre las olas: sólo podría ser un fantasma. Jesús les volvió a decir que no tuvieran miedo, porque era la manifestación de su divinidad.

Pedro, nuevamente Pedro, toma el liderazgo, pero un liderazgo muy desconfiado, y pide que, si fuera Jesús, él también pudiera caminar sobre las aguas. Jesús le ofrece la ocasión de renovar su fe y lo invita a caminar también, pero Pedro continúa desconfiado: no estaba viendo la luz; Y comienza a hundirse. Con toda la paciencia, Jesús extiende la mano y lo salva, reprendiendo a Pedro (tal vez un poco severamente): "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". Y todo se calma.

Entiendo nuestra vocación vicentina en muchos de los que participan en esta escena bellísima del Evangelio, de esta semana.

A veces somos los discípulos y nos sentamos en un barco que está a la deriva, con un viento contrario. Nos olvidamos de llamar a Jesús, que está tan cerca de nosotros. En realidad, Él está dentro de nosotros. Y Jesús, sin que le llamemos, viene a nuestro encuentro, porque sabe de nuestras debilidades, de los peligros que pasamos en nuestras tormentas.

A veces no reconocemos a Jesús en nuestra vida. Por el contrario, pensamos que el barco está hundiéndose porque Jesús no está con nosotros. Sólo pensamos en los fantasmas de nuestra existencia; Ni siquiera consideramos que puede ser Jesús recordándonos que Él está allí, listo para calmar los mares o para hacernos caminar sobre aguas; Basta que lo llamemos.

Tenemos miedo de caminar sobre las aguas, de superarnos, de ser mayores que nosotros mismos y de intentar lo imposible, sabiendo que Jesús siempre nos va a dar su mano. San Vicente nos dice que el amor (la caridad) tiene que ser inventiva hasta el infinito, o sea, tenemos que arriesgar llegar al máximo de nuestros límites para amar más. Él dice que el límite de la creatividad para amar es el infinito: ¡el límite es Dios mismo!

Como Pedro que quería llegar al límite de caminar sobre las aguas, para llegar cerca de Jesús, tenemos que ser nosotros, como vicentinos. Nuestro objetivo es la santificación, el encuentro y la contemplación de Dios, a través del servicio al Pobre. Pero no puede ser un servicio hecho con miedo: Dios nos capacita para caminar sobre las aguas o para "innovar al infinito", para que el Pobre se santifique y, así, también nosotros nos santifiquemos. En realidad, nuestros límites, somos nosotros los que los imponemos.

No hay tormenta que destruya nuestro barco, si sirve para llevar a nuestros amados, a nuestros asistidos y a nosotros mismos en la dirección de Dios. Basta que no tengamos miedo de nuestros límites.

Lectura de la semana pasada:

> Lectura Espiritual del domingo 6 de agosto