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Lectura Espiritual del Domingo 10 de diciembre

04 diciembre 2017 Noticias del CGI

Lectura Espiritual del Domingo 10 de diciembre

Semana del 4 de diciembre (referencia: lecturas del domingo 10 de diciembre)

2º Domingo de Adviento - Lecturas: 2Ped 3,8-14; Mc 1,1-8

“Detrás de mí vendrá el que es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias”

Reflexión vicentina

Todas las veces que leo el Evangelio que reflexionamos hoy (de San Marcos), trato de ponerme en la posición de San Juan Bautista. Marcos dice acerca del precursor de Jesús: "Juan se vestía con una piel de camello y comía langostas y miel del campo. Y predicaba, diciendo: 'Después de mí vendrá alguien más fuerte que yo. No soy digno de agacharme para desatar la correa de sus sandalias.

Yo os bautizó con agua, pero Él os bautizará con el Espíritu Santo.

¡Cuán difícil es tener la humildad de San Juan! Creo que yo tendría mucha dificultad en asumir su papel, de precursor, de preparador, de coadyuvante, de "no ser el protagonista". Muchos de nosotros buscamos que nuestros actos en la vida, sean considerados como algo muy importante, muy grande, muy reconocidos. Y este comportamiento no es erróneo del todo, porque si debemos buscar tener un impacto importante en el mundo creado por Dios pero utilizando los dones que Dios nos ha dado.

Este comportamiento pasa a ser un problema cuando nos olvidamos de la humildad. Podemos definir "humildad" como la virtud de poner todas las cosas (éxitos y fracasos, conquistas y decepciones) en las manos de Dios: Él es el gran maestro y nosotros somos los realizadores de Su voluntad.

San Juan Bautista tuvo mucha fama. Muchos incluso lo consideraban como el mismo Mesías que había venido al mundo para salvar a los judíos. Él podría haberse aprovechado de esta fama en su propio beneficio, para conquistar poder o gloria. Pero él prefirió otro camino: el de la fe y de la humildad. Al decir que él no era el Mesías y que él ni siquiera podía "desatar las sandalias" del Mesías, él se colocó en la posición de servicio a Dios; Ignoró completamente su humana necesidad de gloria y reconocimiento. Y Dios lo elevó a ser un mártir defensor de la fe y del bautismo no sólo en el agua, sino en el Espíritu Santo.

¡Cuántas veces tenemos la posibilidad de evangelizar de una manera callada pero preferimos la fama, la gloria y el poder! En nuestra propia Sociedad de San Vicente de Paúl, muchas veces actuamos para que los demás puedan valorarnos, para que nos elijan presidentes de Consejos o para que nos miren y nos admiren! Sin embargo, colocarnos a los pies de Jesús y dedicar nuestra vida al servicio desinteresado del Pobre y de los demás miembros de la SSVP es una expresión de la santidad que tanto buscamos en la vocación vicentina.

Ozanam podría haber sido mucho más famoso. Podría haber continuado queriendo ser un político de nombre; Pero prefirió ser reconocido como el servidor de los Pobres. San Vicente de Paúl vivió muy cerca de la realeza y podría haber enriquecido, pero su "nueva conversión en la vivencia de su vocación" lo llevó a otro camino: el de emprendedor del servicio al Pobre. Así fueron tantos y tantos otros vicentinos que nos precedieron: ellos no tienen retratos en las paredes de los Consejos, no tienen libros escritos, no tienen salas con sus nombres. Después de todo, ellos no necesitaban esta gloria, porque, como muy bien decía Santa Teresa de Calcuta, "nunca el servicio fue entre nosotros y los hombres, siempre fue entre nosotros y Dios".