• Confederación Internacional

    de la Sociedad de San Vincente de Paùl

    30 millones de pobres ayudados en el mundo

  • Confederación Internacional

    de la Sociedad de San Vincente de Paùl

    "Quiero encerrar el mundo en una red de caridad"

Volver a la lista

Lectura Espiritual del Domingo 14 de enero

08 enero 2018 Noticias del CGI

Lectura Espiritual del Domingo 14 de enero

Semana del 8 de enero de 2018 (referencia: lecturas del domingo 14 de enero)

2º. Domingo del Tiempo Ordinario - Lecturas: 2Ped 1,16-19; Mt 17,1-9

"El que se une al Señor constituye con él un solo Espíritu".

Las lecturas de esta semana nos hacen reflexionar sobre el significado de la vocación. La palabra "vocación" viene del verbo del latín "vocare", o sea, "llamar". El proceso de la vocación cristiana o vicentina se da de la siguiente manera: Dios nos llama, nosotros le respondemos a Él y lo seguimos. Por lo tanto, inicialmente, la vocación es la iniciativa de Dios en llamarnos. Pero las otras dos acciones (que tienen que ver con nosotros) son tan importantes como la primera: respondemos a la llamada y lo seguimos. Si no hay respuesta, la vocación se convierte en una "llamada en la oscuridad" y si no hay seguimiento, la vocación se convierte en un deseo.

Estos tres verbos se encuentran bien definidos en las lecturas. En la primera, encontramos la historia de la llamada de Samuel. Dios lo llama por su nombre y él dice: "habla, Señor, que tu siervo escucha". Samuel escucha al Señor y se pone a disposición de escuchar. En el Evangelio, Jesús llama a los dos que seguían a Juan el Bautista y ellos se convierten en discípulos de Jesús: su respuesta fue cambiar de vida, porque vieron en el cordero de Dios, el Mesías liberador. Finalmente, en la carta a los Corintios, Pablo da una explicación teológica y, a continuación, una perspectiva práctica de lo que debe ser la respuesta al llamado de Dios: "El que se une al Señor constituye con él un solo Espíritu. Huye de la inmoralidad". Porque "vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo". Y termina con una declaración contundente de amor a Cristo: "no pertenecéis a vosotros mismos, porque fuisteis rescatados por gran precio".

Por lo tanto, quien responde a la llamada del Señor, primero escucha, después cambia de vida y, finalmente, ya no pertenece a sí mismo, sino que pasa a ser un solo Espíritu con Él. ¡Es una secuencia bellísima!

Para nosotros que somos vicentinos, sucede un proceso muy parecido. Primero, Dios tiene la iniciativa de llamarnos; puede ser por un amigo, por un aviso en la parroquia, por una persona pobre que nos necesita. A veces no entiendeen el bien del llamado, así como Samuel no entendió bien lo que Dios quería de él. Pero, no importa, respondemos así mismo y vamos a la Conferencia y hacemos la visita. Después, cambiamos de vida: pasamos a vivir la vida de la Conferencia y del encuentro con el Pobre. Y allí, pasamos a la transformación mística: al entrar en la casa del Pobre, nos convertimos un solo Espíritu con el Cristo que allí habita. A partir de ahí, ya no somos los mismos, ya no pertenecemos a nosotros mismos. Toda nuestra vida pasa a ser movida por la llama del descubrimiento de Jesús en el otro, en aquel o en la que necesita nuestro servicio. Y la "pertenencia a Dios" no se traduce solamente en la visita vicenciana, sino en la transformación total de nuestro ser.

Tomamos conciencia de que nuestro cuerpo es efectivamente el Templo del Espíritu Santo y ya no queremos pecar; queremos utilizar el cuerpo para servir más, sin el límite del cansancio para "ser uno con Cristo". Nuestros dones pasan a ser utilizados para el servicio directo a los Pobres y para la lucha por la justicia social: lo que aprendemos en la oración y en la mística de la visita, pasamos a traducir en nuestro trabajo, nuestra intelectualidad, nuestra vida social, en el sentido de crear un mundo más justo a nuestro alrededor.

A veces, esta transformación se da de repente, como la conversión de Pablo en el camino de Damasco, pero otras veces, tomamos nuestro tiempo para cambiar de vida. En la Segunda Lectura, Pablo había llegado a Corinto, después de atravesar buena parte de Grecia, y se quedó allí unos 18 meses (años 50-52). De acuerdo con Hch 18,2-4, Pablo comenzó a trabajar en casa de Priscila y Aquila, una pareja de judeo-cristianos que también eran fabricantes de tiendas y el sábado predicaban en la sinagoga. Sólo con la llegada a Corinto de Silvano y Timoteo (2 Cor 1,19, Hch 18,5) fue cuando Pablo se consagró enteramente al anuncio del Evangelio. Este es el milagro de la vocación vicenciana que Federico Ozanam descubrió y nos dio como herencia. De una llamada a una simple visita, pasamos a ser, cada uno a su modo, mensajeros vivos del Evangelio de la justicia y del amor.