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Lectura Espiritual del Domingo 15 de Octubre

09 octubre 2017 Noticias del CGI

Lectura Espiritual del Domingo 15 de Octubre

Semana del 9 de octubre (referencia: lecturas del domingo 15 de octubre)

28º Domingo del Tiempo Ordinario - Lecturas: Flp 4,12-14.19-20; Mt 22,1-14

"Todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas."

Reflexión vicentina

"Muchos son llamados, y pocos son los elegidos"

¿Qué frase dura, esta con que termina el Evangelio de esta semana, la famosa Parábola del banquete de bodas (sólo registrada por Mateo), que  habla del castigo del rey para los que no fueron a la fiesta, o no se vistieron adecuadamente Y no respondieron a su llamada.

Es necesario entender el contexto en que Jesús estaba cuando contó esta parábola a los sacerdotes, escribas, fariseos y ancianos del pueblo. Era su última semana de vida en la tierra en Jerusalén, momento de conflicto contra los líderes religiosos. Jesús estaba hablando contra satanás, que se oponía al plan de su Padre y lo tentaba para matarlo.

Mucho antes de pensar en la parte de los "escogidos", pensemos en la primera parte: los "llamados". Jesús da todas las posibilidades posibles para que respondamos a Su llamada, a nuestra vocación. En primer lugar, invita de manera directa, pero los invitados deciden no participar. Después, manda señales duras (destrucción de la ciudad, muerte de los homicidas), pero, aun así, los invitados no se sensibilizan. A partir de aquí, llama a todos, a los marginados, sin criterio de elección y sin ser los "escogidos"; Muchos vienen a la fiesta. Finalmente, elige a uno de los invitados (que no estaba vestido o preparado adecuadamente para la fiesta) y lo interroga personalmente. Observa que el rey llama a este invitado por "amigo", con todo el cariño. Pero el hombre no respondió nada, estaba preocupado por comer y beber en la fiesta.

Es claro que quien decide ser "escogido" somos nosotros, porque todos somos llamados. A veces somos llamados en público, en las iglesias, en la Familia Vicentina. Otras veces, estamos llamados por acontecimientos y catástrofes que afectan a mucha gente. Finalmente, durante nuestra vida, Dios nos llama individualmente, por el nombre, sea con cariño, sea con eventos difíciles, incluso con sufrimiento. ¡A nosotros nos corresponde decidir si queremos ser el "elegido”!

No puedo dejar de reflexionar sobre la bellísima Carta a los Filipenses de esta semana, en la que Pablo dice su célebre frase: "todo lo puedo en Él que me fortalece". Pablo es un ejemplo de fuerza mental, espiritual y física. Era un intelectual, bien preparado para ser líder judío y abandonó este liderazgo para dedicar su sabiduría a Cristo. Pasó por muchas pruebas espirituales, empezando por el llamado del camino a Damasco y siempre "mantuvo la fe". Pasó por muchas pruebas físicas: hambre, tormentas, prisiones. Su fuerza venía precisamente de las dificultades de la vida, porque en ellas percibía el signo de Cristo, que lo fortalecía siempre, que lo renovaba siempre, que lo preparaba siempre para continuar la misión.

Pero la fuerza de Pablo venía también de otra fuente: él estaba preparado para vivir con abundancia o con hambre, tanto entre los poderosos, como entre los marginados. ¡Tenía la sabiduría que viene de Dios!

¡Qué coincidencia (o "teoincidencia") las lecturas de hoy, con nuestra vida vicentina! Primero, Dios nos llama de diversas maneras, en público o en privado, a través de Su presencia en el Pobre. Después, Él nos invita a sacrificarnos (muchas veces, mental, espiritual y físicamente) por Él, en el servicio al Pobre y al hermano en la vocación vicentina. Después, Él nos da la gracia de acceder a la sabiduría, conviviendo tanto con los poderosos (para convertirlos), como con los más pobres. Finalmente, como resultado de todo esto, Él nos fortalece!

Pablo dice que esta fuerza se confirma porque su Dios "proveerá espléndidamente con su riqueza a todas nuestras necesidades, en Cristo Jesús". No es sólo el Dios de Pablo, no es sólo el Cristo Jesús de Pablo: es nuestro Dios, es nuestro Cristo quien nos invita y fortalece. ¡Qué fructífera la vocación vicentina como nuestra respuesta a Dios para que nos encontremos siempre "vestidos para la fiesta" y, como consecuencia, seamos "escogidos"! Es de esta vocación de donde viene la fuerza para vivir profundamente el plan de Dios para nuestra vida.