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Lecturas del domingo 1 de abril

26 marzo 2018 Noticias del CGI Lectura espiritual

Lecturas del domingo 1 de abril

Semana de 26 de marzo de 2018 (referencia: lecturas del domingo 1 de abril)

Domingo de Pascua

Lecturas: Hc 10,34.37-43; Salmo 117 (118); Col 3,1-4; Jn 20,1-9

"Si has resucitado con Cristo, aspira a las cosas de lo alto, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios”.

Reflexión vicentina

Las palabras clave de las lecturas de hoy son: entender, creer y transformarse.

Los discípulos no comprendían y estaban asustados con lo que había sucedido. Estaban frustrados porque la persona que ellos habían seguido por tres años y al que se habían dedicado en cuerpo y alma, estaba muerto. Parecía que todo estaba terminado. En el evangelio, Pedro aparece como quien no comprendió bien lo que pasó con la muerte de Cristo y, por eso, no cree de inmediato en su resurrección. "En general, Pedro representa, en los Evangelios, el discípulo obstinado, para quien la muerte significa fracaso y que se niega a aceptar que la vida nueva pase por la humillación de la cruz. Él es, en varias situaciones, el discípulo que tiene dificultad en entender los valores que Jesús propone, que razona de acuerdo con la lógica del mundo y que no entiende bien que la vida eterna y verdadera, pueda brotar de la cruz. En su perspectiva, Jesús fracasó, pues insistió - contra toda lógica - en servir y en dar la vida. Para él, la donación y la entrega no pueden conducir a la victoria, sino a la derrota; por lo tanto, Jesús murió y el caso está cerrado. La eventual resurrección de Jesús es, pues, una hipótesis absurda y sin sentido. (1)

¿No nos colocamos en esta posición, a menudo? No comprendemos la lógica de Cristo, porque no se ajusta a nuestra lógica del mundo. Pensamos: Sí Jesús murió, fracasó, entonces está todo terminado. Si yo no consigo el éxito delante de los demás, porque soy bueno, porque me sacrifico por los demás, entonces yo también fracaso y ya está todo acabado!

Por eso, Pablo dice en la segunda lectura que debemos “interesarnos por las cosas de lo alto y no a las de la tierra". Por lo tanto, no se puede entender la salvación de la cruz sólo por la lógica de la tierra. Si no nos liberamos de ella, nunca comprenderemos la Resurrección (que, al principio, no parece lógica).

Por estar más cerca de Jesús, el "otro discípulo" comprende lo que pasó y creyó. El "otro discípulo" se identifica con Jesús, ama a Jesús. Él comprendió la lógica de Jesús de que la muerte (donación) en la cruz representa vida y éxito: él "vio y creyó". Para él, todo tenía sentido (Jesús estaba vivo) y, por lo tanto, se embarca con Jesús en su descubrimiento.

Esto no significa que Pedro sea un pecador (al contrario, con sus debilidades, él fue escogido como la "piedra fundamental"). Significa que Dios entiende cuando no comprendemos su lógica, porque somos humanos y está siempre abierto a recibirnos cuando la descubrimos y pasamos a creer en ella.

Al creer, los discípulos se transforman en "hombres nuevos". En el momento en que Pedro y los otros discípulos creyeron, pasaron a asumir claramente su misión de hombres transformados que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para hacer lo que Jesús había pedido: testimoniar su vida, muerte y Resurrección. A partir de este momento, Pedro pasa a decir con toda certeza: "quien cree en Él, recibe por su nombre la remisión de los pecados ", se santifica.

Los apóstoles testificaron la muerte y la resurrección de Cristo y, sin embargo, muchos dudaron. Y Jesús los amó con un amor infinito: no los reprendió, pero confió en ellos para llevar su misión. Si Él actuó así con los apóstoles, imaginémonos entonces lo que hace con el vicentino que deja su comodidad y va a visitar al Pobre, con la certeza de que va al encuentro del Jesús resucitado, no del Jesús muerto.

El vicentino va al encuentro del Pobre para llevarle vida, esperanza y amor. Va a compartir su fe con el Pobre, mostrándole que comprende la lógica de lo alto, aun estando con los pies en la tierra. La lógica de la tierra le impediría dejar su comodidad: es la fe en las cosas de lo alto que lo mueve a salir de sí mismo e ir corriendo a la casa del asistido con la misma velocidad con que el "otro discípulo" fue al sepulcro de Jesús. Y al llegar allí, comprende y cree que su visita es más que llevar el pan; es testigo de la muerte y resurrección de Cristo. Y al regresar de la visita, el vicentino se transforma, así como el "otro discípulo" volvió transformado del sepulcro: al dejar al Cristo en el corazón del Pobre, comprendemos que ya no somos los mismos, porque traemos el mismo Cristo en el nuestro. Nos convertimos en "hombres nuevos".

(1) Ver reflexión en el sitio web www.dehonianos.org/portal/liturismo-ano-b/