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Lecturas del domingo 11 de febrero

05 febrero 2018 Noticias del CGI Lectura espiritual

Lecturas del domingo 11 de febrero

Semana de 5 de febrero de 2018 (referencia: lecturas del domingo 11 de febrero)

6. Domingo del Tiempo Ordinario - Año B

Lecturas: Lev 13, 1-2.44-46; Salmo 31 (32); 1 Cor 10, 31-11,1; Mc 1, 40-45

“Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”

Reflexión Vicentina

En las lecturas de esta semana, Dios nos pide que pensemos sobre la pureza (o quizá, sobre la impureza) y sobre cómo debemos comportarnos con las personas "impuras". En este sentido, Él mismo muestra que el servicio a los demás no puede ser condicionado por nuestro pre-juicio sobre la "pureza" a quien servimos, cuando Él mismo nos trata sin distinción o discriminación.

La primera lectura nos presenta la legislación que definía la forma de tratar a los leprosos. Impresiona como, a partir de una imagen distorsionada de Dios, los hombres son capaces de inventar mecanismos de discriminación y de rechazo en el nombre de Él. Además de sufrir sus dolores físicos, los leprosos tenían que sufrir el mal del rechazo, la discriminación y la falta de amor de los demás.

El Evangelio muestra una nueva ley. Jesús no sólo no discrimina al leproso, sino que va a su encuentro y lo toca. Tocar aquí tiene un sentido muy profundo, porque nadie siquiera llegaba cerca del leproso, para no quedar impuro. Jesús no tiene miedo, porque sabe que su pureza viene del Padre y de su misericordia. Después, Jesús cura al leproso y le pide que no diga nada a nadie: no era necesario que los demás lo vieran como superior al leproso hasta el punto de curarlo. Al final, quien libera es el Padre.

San Pablo, en la Carta a los Corintios de esta semana, pide también que los judíos no se preocupen por los preceptos superficiales. Los judíos tenían prohibido comer la carne de los animales que eran inmolados en los templos de los paganos y ofrecidos a los ídolos paganos. Pablo viene a decir que se puede comer lo que se desee, porque la ley fundamental es la del amor; es necesario liberarse de todo tipo de preconcepto (incluso el de la carne "impura") y enfocarse en lo esencial: la misericordia y el amor.

¿Los leprosos de los tiempos anteriores a Jesús sufrieron algo muy diferente a los leprosos de hoy o de los Pobres y abandonados que nosotros, vicentinos, asistimos hoy? ¿Al escuchar a alguien que tiene problemas serios de abandono y, por eso, reacciona de forma brusca con nosotros, somos capaces de entender el tamaño sufrimiento o la “lepra interior” que esta persona tiene o ha tenido en el pasado? ¿O bien nos juntamos con los "puros como nosotros" para de alguna manera, discriminarlos y abandonarlos? ¿Hacemos esta discriminación en nuestra propia familia, en nuestra Conferencia, en nuestra parroquia?

El verdadero carisma vicentino no es el de la primera lectura, sino el del Evangelio, aquel que va al encuentro del hermano "leproso", y, sin miedo lo toca, lo escucha, y comprende su historia, para entonces curarlo. Y después, pedirle que no cuente nada a nadie, porque no queremos ser conocidos como los que fuimos "superiores" o "más puros" que los demás, a tal punto que conseguimos curarlos.

También, al elegir una familia para asistir, no debemos preocuparnos si es "impura" o si come eso o aquello, o si lo hizo o aquello. Si Dios ha puesto a la familia en nuestro camino, es porque quiere que seamos misericordiosos como Él es con nosotros; al final, es porque quiere que, como Pablo, seamos los imitadores de Cristo. La verdadera humildad es aquella que acepta que somos tan puros o impuros como los que nosotros servimos: quien los purifica, por nuestro medio, es el Señor. Y, como efecto misericordioso, al purificar al otro, se purifica a nosotros mismos, eliminando nuestra "lepra" y nuestros prejuicios.