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Lecturas del domingo 15 de abril

09 abril 2018 Noticias del CGI

Lecturas del domingo 15 de abril

Semana de 9 de abril de 2018 (referencia: lecturas del domingo 15 de abril)

3ª. Domingo de Pascua - Lecturas: Hch 3,13-15.17 -19; 1 Jn 2,1-5ª; Lc 24,35-48

"Arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean perdonados."

Reflexión vicentina

Las dos palabras clave de las lecturas de hoy son CONVERSIÓN y COMPRENSIÓN.

Es impresionante ver la transformación de Pedro y de los discípulos de Emaús, cuando creyeron que Jesús había resucitado.

Pedro dudó muchas veces, pero siempre que percibía que era el Maestro, literalmente se arrojaba delante de él, sin miedo al riesgo de su opción, y le ofrecía todo su ser, su vida y su esperanza. Uno de los momentos más bellos de la relación de Pedro con Jesús fue en su tercera aparición a los discípulos después de la resurrección en el Mar de Tiberíades (Jn 21, 1-8). Jesús les pide que arrojen la red del otro lado del barco (que abran sus mentes y se conviertan) y cuando Juan reconoce a Jesús ("¡Es el Señor!"), Pedro simplemente "se lanzó al mar".

Muchas veces me pregunto por qué Pedro negó a Jesús tres veces durante su condenación y flagelación. Además de cumplir las escrituras, esta negación muestra que Pedro tuvo la experiencia de la duda. Pero también tuvo la experiencia del perdón y de la comprensión del Maestro. El Papa Francisco dijo una vez que "la capacidad de perdonar sólo se tiene cuando se cuenta con la experiencia de haber sido perdonado"(1). San Vicente también nos enseñó que nuestra fe debe basarse en la experiencia de Dios y ésta debe ser vivida junto al Pobre: la experiencia transforma definitivamente nuestros corazones. Muchos santos tuvieron la gracia de la "noche oscura", de la duda, justamente porque poseían una fe profunda en Cristo. La duda - contrario a la fe - es, por lo tanto, una debilidad inherentemente humana.

Al leer la primera lectura, podemos comprender un poco de la importancia de la experiencia. Antes de la manifestación de Jesús resucitado y del envío del Espíritu Santo, Pedro estaba en duda, decepcionado por la muerte de Jesús, creyendo que todo había terminado. En la lectura, Pedro muestra dos sentimientos muy importantes: la conversión y la piedad. Él acusaba a las personas de la muerte de Jesús y muestra con vigor que él se había convertido, implorando que ellas se convirtiera también: "Negaste al Santo y al Justo y pediste la liberación de un asesino; matas al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de los muertos, y nosotros somos testigos de ello”.

En seguida, Pedro expresa su piedad por las personas, dice que comprende la duda que ellos sienten: "sé que has actuado por ignorancia, (...) por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean perdonados”. Su experiencia hizo que él pudiera penetrar en los corazones de las personas y comprender su angustia, la cual él también había sentido. Su experiencia también hizo que él pudiera hablar conscientemente de la belleza de la conversión.

Los discípulos de Emaús también dudaron, incluso después de que Jesús se mostró con paciencia a ellos de tantas formas que Él era el Mesías, el Resucitado. La forma más bella de esta demostración es cuando Jesús hace que ellos lo reconozcan en el simple acto de "partir el pan".

Nosotros, vicentinos también, "actuando por ignorancia" o conscientemente, negamos a Jesús, aunque Él, pacientemente nos muestre tantas veces que camina con nosotros. Tal vez esta duda, esta debilidad humana, sirva para que comprendamos mejor nuestros asistidos, para que penetremos en sus corazones y para que, pacientemente, luchar con ellos por su dignidad de hijos de Dios.

Al mismo tiempo, como Vicente, la experiencia de la intimidad con el Pobre nos transforma y nos convierte siempre, haciéndonos ser más comprensivos con los demás y con nosotros mismos. Somos más capaces de escuchar el arrepentimiento de nuestros hermanos y sinceramente perdonarlos. También nos volvemos más humanos para comprender nuestras debilidades y perdonarnos, siguiendo adelante, cambiando de vida y "colocando la red del otro lado del barco".

Toda nuestra experiencia nos hace capaces también de mostrar al Espíritu Santo que está dentro de nosotros a los Pobres que asistimos. No hay que mostrar nuestras llagas a los Pobres, como Jesús tuvo que hacer con los discípulos, para que ellos creyeran. Basta que manifestemos nuestra vocación vicentina "en el partir del pan": con eso, los Pobres nos reconocer como discípulos del Señor Resucitado.

(1)  “El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio” – Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti – Ediciones B Argentina, 2013