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Lecturas del domingo 22 de abril

16 abril 2018 Noticias del CGI

Lecturas del domingo 22 de abril

Semana de 16 de abril de 2018 (referencia: lecturas del domingo 22 de abril)

4. Domingo de Pascua - Domingo del Buen Pastor - Lecturas: Hch 4,8-12, 1 Jn 3,1-2, Jn 10,11-18

"Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen”.

Reflexión vicentina

El domingo, celebramos la fiesta del BUEN PASTOR. Las lecturas nos indican, cada una a su modo, lo que significa ser el buen pastor, como son las ovejas, y cómo los dos -el pastor y sus ovejas- se relacionan. Es muy interesante entender esta relación en el contexto que nosotros - vicentinos - vivimos con nuestros asistidos.

El Buen Pastor es el único salvador, la piedra angular. Jesús es el Señor y "en ningún otro hay salvación", como Pedro nos dice en Hechos de los Apóstoles. ¡Él es la piedra angular! Para quien conoce las casas antiguas que tenían arcos en piedra, hay una piedra que se pone en el centro del arco, en su parte superior. Ella funciona como una especie de cuña, que sostiene las dos piedras verticales. Sin ella, el arco cae. Así es el Buen Pastor: él nos sostiene, y que está en el centro de nuestra vida: sin él, las ovejas se pierden y pueden caer en los abismos del camino.

El Buen Pastor conoce y ama cada una de sus ovejas individualmente. Jesús se hace hombre y padece como hombre para conocer las ovejas. Siendo Dios, Él podría quedarse junto al Padre, pero es enviado para sentir todo lo que nosotros, hombres, sentimos, menos el pecado. Más que eso, Jesús se somete a todo tipo de humillación y sufrimiento, para mostrarnos cuánto nos ama. Jesús también conoce muy bien sus ovejas, porque las escucha. ¡Cuántas veces Jesús expresa su misericordia, cuando le llaman o le dicen algo, cuando piden la salvación, cuando tocan en él pidiendo cura, cuando explica mejor las parábolas no entendidas, cuando comprende la incredulidad de los discípulos! Las ovejas son tratadas como individuos y no como multitudes por Jesús: si una se pierde, deja el rebaño de noventa y nueve y va a buscar la perdida. En las curaciones que realiza, Jesús se preocupa por el alma y no sólo con el cuerpo, buscando recuperar la autoestima de quien está siendo curado.

Las ovejas conocen y aman al Buen Pastor. Saben que son hijas e hijos de Dios (segunda lectura - "Si el mundo no nos conoce, es porque no lo conoció a él."). Y si son hijas e hijos de Dios, tratadas como personas individualmente, son muy importantes para el mundo. El hijo de Dios sabe que seguirlo significa "estar en el mundo, pero no ser del mundo": somos misioneros - criaturas humanas - insertados en el mundo, pero divinas por aceptar seguir al Pastor en todo, con fe, esperanza y caridad. Como el Pastor fue perseguido y rechazado por el mundo, también la oveja acepta ser perseguida y rechazada porque ama al Pastor.

Las ovejas confían ciegamente en el Buen Pastor y se transforman. Pedro y Juan habían hecho el milagro del paralítico frente al templo; por lo que fueron arrestados. Al ser interrogados por los sacerdotes del Sanedrín, éstos les preguntan: "¿con qué poder o en nombre de quién hiciste esto?" (Hch 4,7). "Ellos estaban" llenos del Espíritu Santo "y eso los hizo mantener la autoestima, aun en situación de peligro: de reos, se convirtieron en acusadores: "es en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, que vosotros crucificasteis ..., este hombre fue sanado ". Es interesante hacer un paralelo entre las situaciones de los Hechos y del Evangelio de hoy. En Hechos, Pedro y Juan son perseguidos por hacer el paralítico andar en el nombre de Jesús. En el Evangelio, la polémica entre Jesús y líderes judíos, era porque Jesús había curado a un ciego de nacimiento.

En nuestra vida de vicentinos, encontramos muchos paralelos con las lecturas de hoy. En nuestro encuentro con el Pobre, a veces somos ovejas y en otras, somos pastores. Somos ovejas, cuando ponemos a Jesús en el centro de nuestra vocación vicenciana: tenemos la absoluta conciencia de que nuestro servicio al asistido es una respuesta de fe al único Pastor y salvador. Somos ovejas cuando tomamos conciencia de nuestra importancia en el mundo, como misioneros e hijos de Dios. Somos ovejas cuando nos convertimos y nos convertimos sinceramente en la visita a la casa del Pobre o en la persecución porque hacemos la elección por Dios en nuestro trabajo o en la convivencia social. Pero somos pastores, porque escuchamos y nos ponemos a los pies de los Pobres, sirviéndolos, como nuestros amos y señores. Somos pastores, porque sentimos el sufrimiento de los Pobres como si fuera nuestro. Somos pastores porque visitamos y servimos, no en nuestro nombre, sino en nombre del verdadero Buen Pastor.