• Confederación Internacional

    de la Sociedad de San Vincente de Paùl

    30 millones de pobres ayudados en el mundo

  • Confederación Internacional

    de la Sociedad de San Vincente de Paùl

    "Quiero encerrar el mundo en una red de caridad"

Volver a la lista

Lecturas del domingo 25 de marzo

19 marzo 2018 Noticias del CGI

Lecturas del domingo 25 de marzo

Semana de 19 de marzo de 2018 (referencia: lecturas del domingo 25 de marzo)

Domingo de Ramos - Año B -Lecturas: Is 50, 4-7; Salmo 21 (22); Filip 2, 6-11; Mc 14, 1 - 15,47

"Abba, Padre, todo te es posible; aleja de mí este cáliz. Sin embargo, no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Reflexión Vicentina

El Evangelio de esta semana resume el misterio de la pasión y muerte de Jesús y, por eso, es rico en todos sus versículos. Tiene lugar el desapego de Jesús de sí mismo y del mundo, donde cambia definitivamente la historia de la humanidad. Estamos acostumbrados a creer que cuanto más fuerte nos apegamos a nosotros mismos, a los que amamos, a los problemas ya las cosas, más recursos tenemos para nuestra felicidad y para la felicidad de los que amamos. Durante la Cuaresma y en la celebración de su Pasión y Muerte, Jesús viene a poner en práctica otra forma de amar: cuanto más nos vaciamos de nosotros mismos, más Dios llena nuestra vida y realiza lo que es necesario para nosotros.

Desapegarnos de nosotros mismos, de los demás, de los problemas y de las cosas puede ser un instrumento de enorme efectividad y, muchas veces es muy necesario. Jesús estuvo cuarenta días en el desierto haciendo ayuno, antes de comenzar lo que sería su gran misión. Pablo estuvo tres días ciego, durante su camino a Damasco y de la misión a la que se propuso, para descubrir un nuevo camino. Muchos santos, como Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Calcuta, se distanciaron de la misión, pasando por las famosas "noches oscuras" y sacando de ellas la energía para realizar mejor su misión.

El desapego puede ser una forma muy saludable de entendernos mejor y salir en busca de nuevas formas de vivir en paz; de hecho, nos acerca a Dios, porque pasamos a conocer que Él está dentro de nosotros. El desapego amoroso puede mejorar significativamente nuestra relación con los demás. Conocí a muchos que se mudaron por un tiempo de la ciudad en que estaban y su relación con los demás que continuaron donde estaban mejoró mucho. Conocí a padres que, al "desapegarse amorosamente" de sus hijos, pudieron hacerlos desarrollarse mucho más que "sofocándolos" o sobre protegiéndolos.

El desapego es comprobadamente efectivo para resolver problemas. Obviamente, sólo conseguimos dejar de poner excesiva emoción sobre la forma en que analizamos problemas si nos alejamos de ellos, siendo una especie de "autoconsejeros". ¡Cuántas veces transformamos situaciones simples en enormes problemas, porque no damos la debida distancia de ellas, poniéndolas en el debido lugar y en el debido tamaño!

El desapego material puede llevarnos a ser más felices y, eventualmente, más ricos. ¡Cuántas veces nos apegamos tanto a lo que tenemos o a la mezquindad de lo poco, y dejamos pasar oportunidades de extraer más valor de lo que hacemos! ¿Cuántas veces escuchamos biografías de gente que pasó la vida entera tan ocupada con lo material que se olvidó de amar a sí ya los demás?

El desapego permite amarnos más a nosotros y amar a los demás de igual forma. Jesús nos dice que existe un único mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a sí mismo. No podemos amar al otro sin amar a Dios más que a nosotros mismos y sin amarnos a nosotros mismos.

El carisma vicentino nos ayuda a desapegarnos de nosotros mismos, de los demás, de los problemas y de las cosas. La mística del encuentro con el Pobre nos hace dar cierta medida a nuestros problemas, a los problemas que tenemos con los demás y con las cosas. Ozanam solía decir que "el mejor medio de juzgar los asuntos de la vida es utilizar la calma y el desapego, mirando los problemas de lo alto, como si fueran distantes".

Aprovechamos esta semana para reflexionar cómo podemos en casa, en el trabajo, en la vida social y en la SSVP, ejercitar el "vaciarse de nosotros mismos y dejarnos llenar por la presencia amorosa de Cristo" que fue el ejemplo de quien se dejó humillar y, morir en la Cruz para que pudiéramos tener vida, y vida en plenitud.