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SLecturas del domingo 8 de abril

02 abril 2018 Noticias del CGI

SLecturas del domingo 8 de abril

Semana de 2 de abril de 2018 (referencia: lecturas del domingo 8 de abril)

2º. Domingo de Pascua - Lecturas: Hch 4,32-35; 1 Jn 5,1-6; Jn 20,19-31

"Porque me has visto creíste: felices los que creen sin haber visto."

Reflexión vicentina

La palabra fundamental de las lecturas de hoy es la "fe". Jesús se manifiesta a los apóstoles y les pide que crean en Él, para que puedan ir por el mundo y evangelizar, inspirados por la fuerza y la luz del Espíritu Santo. Tomás no estaba y no creyó. ¿Por qué el Evangelio tiene que mencionar la incredulidad de Tomás?

Jesús resucitado se manifiesta a los apóstoles. Hay varios mensajes interesantes en esta manifestación.

En primer lugar, Jesús es quien toma la iniciativa: Él va al encuentro de los apóstoles que estaban llenos de miedo y aún decepcionados con la muerte de Jesús. La iniciativa, como en muchos milagros que Jesús había hecho, parte de él mismo, en el sentido de decirles "no tengan miedo". Nosotros tenemos mucho miedo... tenemos miedo de nuestro futuro, de nuestras limitaciones, de la acción del mal, de asumir la misión que Dios nos confía. Si nos ponemos en las manos de Dios, Él mismo toma la iniciativa de eliminar estos miedos y nos hace diferentes, sustituyendo la incertidumbre de la muerte, por la certeza de la vida eterna que se inicia aquí mismo en la tierra.

En segundo lugar, el Evangelio dice que las puertas estaban cerradas y Jesús aparece en medio de los apóstoles. ¿Por qué mencionar que las puertas estaban cerradas? Siempre nos preguntamos cómo será nuestra vida después de la muerte, cómo será nuestra forma física, cómo la gente nos verá y cómo ver a la gente, especialmente a las que amamos en nuestra vida antes de la muerte. Jesús nos da una indicación de cómo será eso. Jesús aparece en medio de los apóstoles sin necesidad de abrir la puerta. Los apóstoles inicialmente no reconocían a Jesús, tal vez hubieran pensado que era un fantasma. Al ver el miedo de los apóstoles, Jesús les dice: "la paz esté con vosotros". En otras palabras, de nuevo: "no tengáis miedo"!

Los apóstoles aún no habían creído. Y Jesús pacientemente "les mostró las manos y el costado". La señal física se había dado. Los apóstoles vieron las llagas de las manos (perforadas con los clavos de la cruz) y el lado (perforado por la lanza) y, finalmente, "quedaron llenos de alegría al ver al Señor". Pero surge el episodio de Tomás que no estaba junto a ellos y no creyó. Jesús, de nuevo, pacientemente, aparece después y le muestra la señal física. ¿Por qué Tomás no estaba? ¿Quién no estaba allí? Nosotros tampoco estábamos. Y, por eso, Jesús deja el mensaje para nosotros. Él nos dice que somos aún más bienaventurados, porque "creemos sin haber visto!".

La puerta cerrada de la sala también nos indica que los corazones de los apóstoles estaban cerrados: al principio, no habían creído. Por eso, Jesús sopla sobre ellos dándoles el Espíritu Santo. El Espíritu que abre el corazón, aunque esté firmemente cerrado, para que nadie entre. Si nuestra respuesta al reconocer al Señor en los acontecimientos del día a día es de fe y alegría, el Espíritu Santo las completa, abriendo nuestros corazones, abriendo la puerta.

En tercer lugar, la manifestación de Jesús no queda sólo en la alegría. Él dice a los apóstoles que, ya que ellos tuvieron el privilegio único de recibir el Espíritu Santo directamente del soplo de Dios, ellos tenían una misión, un compromiso: "así como el Padre me envió, también Yo os envío a vosotros". Es así con nosotros también. Una vez que nuestros miedos se disipan, que abrimos el corazón para recibir el Espíritu Santo, Jesús nos pide más, nos envía y nos pide que seamos Él mismo en medio del mundo.

Es muy interesante la transformación total que hace la fe en Cristo. Los discípulos de Jesús, al creer en él, pasaron a compartir todos los bienes. Ellos "tenían todo en común", no había pobres entre ellos, como nos dice la primera lectura. ¿Qué especial sería el mundo si pudiéramos volver al tiempo de los primeros cristianos: todos vivían felices, justamente porque compartían la misma fe y, por eso, quedaba fácil compartir también los bienes materiales.

Para nosotros vicentinos, estas lecturas tienen un sabor muy especial. La mística del encuentro con el Pobre es también una teofanía (la manifestación de Dios). Dios muchas veces no espera que nosotros pidamos nuestras necesidades: Él se anticipa y se manifiesta a nosotros voluntariamente, porque nos ama y porque se preocupa continuamente con cada uno de nosotros. Y toda la relación del encuentro vicentino con el Pobre sigue la misma naturaleza. Nosotros nos colocamos como servidores del Dios verdadero y visible en el Pobre y Dios se manifiesta a Él a través de nuestro servicio y del Espíritu Santo que reside en nosotros. Nosotros amamos al Pobre y nos preocupamos continuamente con Él, tanto en la visita, como en las reuniones vicencianas; así, nos anticipamos a las necesidades de Él, sin que Él nos pida.

Es ésta la espiritualidad vicenciana que une a Dios al Pobre ya nosotros, y que une la visita a la Conferencia: todos en una relación de amor fraterno, amor evangélico, amor divino y humano. En esta relación de amor, somos fundamental y esencialmente divinos y humanos y ayudamos al Pobre a ser igual y dignamente divino y humano. ¡Qué extraordinario! Ya no es necesario tener miedo, porque nuestros corazones están abiertos que se manifiesta en Jesus Resucitado que se manifiesta en nosotros.